Amarga Sorpresa

Eva había esperado tanto tiempo para abrirlo, que no se podía creer tenerlo por fin en sus manos. Tantas noches en vela, tantos llantos, tanta lucha. Todo aquello podía quedar en el pasado. Sin embargo, la vida todavía no le había dado permiso para abandonar la batalla. Al abrir el sobre y leer los resultados de su analítica, Eva leyó con una lágrima de esperanza rota resbalando por su mejilla:

—Positivo.

—Seguiremos luchando. Esto no es el final —dijo su madre a su lado.

Eva no pudo más que componer una sonrisa forzada ante el compungido rostro de su madre.

—Claro que no. Las Lago no nos rendimos —respondí.

Ella siempre le decía que era una guerrera; sin embargo, Eva sabía de quién había heredado la fuerza: su madre era la verdadera heroína de aquella historia.

6 meses después, Eva leía junto a su madre el nombre grabado en la lápida.

—Mamá, estoy bien. Ya he dejado de sufrir —dijo, aun sabiendo que ella no podía escucharle.

—Descansa, hija mía. Solo pido poder reunirme pronto contigo.

Gracias @aroma_de_letras por traerme cada semana una chispa de inspiración.

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